Cadena 3

Poder y fondos buitres

Damian Lewis dejó "Billions" pero ya debutó su reemplazante

Su personaje, Bobby Axelrod, tuvo que escapar a Suiza para evitar la prisión. La quinta temporada amagó con un romance tórrido que no se concretó.

18/10/2021 | 09:45

Por María Rosa Beltramo

La quinta temporada de “Billions” llegó a su fin con lo que todos los espectadores temían :la salida de Damian Lewis, pero también con todo armado para empezar la sexta que , ya se anunció, será la última y en la que el fiscal general que interpreta Paul Giamatti tendrá que batallar contra otro millonario porque su rival tradicional, -y aliado en una de las temporadas- tuvo que abandonar precipitadamente el país para evitar la cárcel.

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La que se completó en estos días con el capítulo 12 fue la temporada más problemática de la ficción que producen Brian Koppelman, David Levien y Andrew Ross Sorkin porque tuvieron que afrontar el desafío de rodar con un océano de por medio. El grueso del elenco en Estados Unidos y Lewis, el imprescindible Robert Axelrod, en Gran Bretaña. La pandemia puso todo patas para arriba y volvió creativos a los realizadores.

El covid puede servir de excusa para algunos detalles vinculados a la continuidad, o la falta de ella, pero no debería afectar a los guionistas que en Billions son un mini ejército integrado por sus  3 productores y otros 5 que llegaron de refuerzo para airear la trama cuando corría el riesgo de parecerse peligrosamente a un noticiero de finanzas.

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Si algo le faltó a esta temporada que vio partir a uno de sus protagonistas, fue romance, porque ya se sabe lo insoportable que son esas historias donde la lucha por el poder sólo se manifiesta en aprestos legales, fugaces visitas a tribunales e interminables discusiones sobre fideicomisos y no en el fértil terreno de los sentimientos, el amor, la envidia, la pasión y los celos.

Para quienes todavía no se animaron a disfrutar el drama, “Billions” sigue a un financista que produce y mueve cantidades obscenas de dinero, Bobby Axelrod (Damian Lewis) y un fiscal, Chuck Rhoades (Paul Giamatti), que ejecutan, a veces con paso cambiado, el juego del gato y el ratón. Esa pelea es de lo más convencional si no fuera porque la esposa del muy honorable representante de la justicia, Wendy (Maggie Siff), una brillante psicóloga, trabaja para el millonario.

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Su personaje es uno de los más atractivos y mejor logrados porque Wendy actúa como una suerte de super cerebro que pone sus conocimientos al servicio de la empresa, con instrucciones a los operadores para eliminar sus escrúpulos, si es necesario, y que puedan rendir como lo que son; auténticas máquinas de generar riqueza, para sus empleadores y, probablemente, contribuir al empobrecimiento de los que quedan del otro lado de sus apetencias. La historia, sin embargo, se entretiene más en los poderosos que en sus eventuales víctimas.

Bobby, el financista de la corporación, ha construido su emporio tras los dramáticos episodios del 11 S y está sentado sobre lo que por esta zona del mundo conocemos como fondos buitres y que, con la educación adecuada y poder de disimulo, pueden presentarse ante el mundo como capitales de riesgo o fondos de inversión libre.

Aunque los guionistas han tenido que elaborar a lo largo de las 5 temporadas cientos de parlamentos sobre las operaciones que realizan cualquiera de los miembros de la Corporación Axe, lo interesante jamás estuvo en esos procedimientos sino en cada uno de los intentos del fiscal de detectar maniobras fraudulentas para poder encerrar a Axelrod y seguir escalando peldaños en una carrera política sin techo.

En esa guerra sin cuartel que todavía no tiene un claro ganador, lo mejor siempre fue el fantástico equilibrio de Wendy y su capacidad para ser la esposa perfecta de uno y la socia imprescindible del otro. De paso, la relación laboral siempre tuvo una cuota de lealtad rara para un ámbito donde las traiciones son el pan de cada día.

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Pero es justamente en la quinta temporada cuando esa tensión que siempre existió entre Bobby y su experta en coaching pareció que tomaría otro rumbo. Hubo una larga declaración de amor telefónica y una despedida breve y decepcionante. La historia clamaba por un encuentro amoroso que no llegó.

Corey Stoll (Michael Prince) se quedó con los negocios de Bobby, con su personal y con el desafío de convertirse en el nuevo objetivo de las ansias justicieras de Chuck o tal vez de su deseo de hacer carrera.

Corey, que apareció como un millonario con principios, necesita perderlos de inmediato para ocupar el lugar que dejó Axelrod. Durante su teatral irrupción en la sede de la corporación y para motivar al personal citó a Emerson –“día a día escribe en tu corazón que hoy es el mejor día del año”- pero a continuación intentó conquistarlo con una frase propia más contundente.

“Los que quieran ser ricos quédense; el resto puede marcharse”, dijo mientras se sentaba en el sillón de Bobby. Cerca de él, sin revelar sus próximas intenciones, Taylor (Asia Katia Dillon) vela las armas para los próximos capítulos.

Los guionistas eligieron para el exilio dorado de Robert, Suiza, un país que atrae a los ricos de esa zona del mundo por sus bancos y porque no tiene convenio de extradición con Estados Unidos.

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