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Carceleros de película

De "Zona de Riesgo" a "El Marginal", una dupla ganadora

Gerardo Romano y Rodolfo Ranni son parte del atractivo de la cuarta temporada pero ya habían causado sensación en 1992 cuando protagonizaron a la pareja gay del programa de Maestro y Vainman.

24/01/2022 | 08:23

Por María Rosa Beltramo

Parte del atractivo de “El Marginal” a lo largo de sus cuatro temporadas son los duelos actorales, sobre los que Sebastián Ortega y sus guionistas han edificado la estructura de una serie que concita un interés creciente y es capaz de generar suspenso pese a que desde el primer minuto discurre en el mismo universo claustrofóbico de una prisión.

La última temporada que Netflix comenzó a exhibir el 21 de enero y en cuestión de horas trepó a los primeros lugares del ranking de la plataforma, tiene el mérito extra de permitir el retorno de una dupla que en los lejanos 90 causó sensación, avivó una polémica soterrada y también, por supuesto, ayudó a apuntalar el rating de un programa que se extendió durante seis temporadas.

A más de un espectador se le debe haber piantado un lagrimón cuando se cruzaron Sergio Antín (Gerardo Romano) y Benito Galván (Rodolfo Ranni), los dos actores que en abril de 1992 inauguraron “Zona de Riesgo” y alumbraron una electrizante pareja gay en épocas donde todavía la televisión no se permitía abandonar el modelo hetero, no sólo como el dominante sino por excluyente.

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Eficaces como siempre, uno de ellos pasó los 80 y el otro los 70 pero siguen siendo capaces de encontrar el tono justo para vender credibilidad. Romano, ya se sabe, construyó a su personaje con una receta infalible. Tiene encanto, desenfado, una rara maestría para los insultos cortitos y contundentes y los larguísimos y graciosos y reparte por igual temibles amenazas y, si pinta, palabras de consuelo.

En esta parte de la historia se da con que tiene un puesto importante en la dirección de cárceles pero lo que él quiere es encabezar Puente Viejo como antes lo hizo con San Onofre, la cárcel que fue presa de las llamas. El problema es que en ese lugar se encuentra Galván (Ranni), un funcionario tan peligroso como él que no está dispuesto a resignar ni un gramo de poder.

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Desde la época en la que enamoraba a Alejandra Da Passano en “Muchacha italiana viene a casarse”, el tano derrocha prestancia, carácter y saca a relucir lo que mejor le sale, un terrible malhumor que asusta a cualquiera. Para evitar una comedia de gritos, lo que hicieron en “El Marginal” es confrontar el tono exultante de Antín y su propensión al histrionismo con la aparente mesura de Galván, que luce correcto, ordenado y con metas claras. Hay unos cinco minutos de discusión entre ambos que sirven para explicar por qué la tira funciona tan bien. Ambos son convincentes.

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Lo eran también en “Zona de Riesgo”, el programa en el que Maestro y Vainman se animaron a convocar a dos actores con fama de galanes y representantes de una masculinidad tradicional para un papel vanguardista en esa época. Si hay que darle contexto, esa tira fue objeto de airados debates y “Hora Clave”, el envío político que conducía Mariano Grondona, armó una mesa para evaluar si estaba bien plantear semejante temática.

La Fundación Argentina del Mañana, una ONG, se puso a recolectar firmas para pedir el levantamiento de la tira que había osado mostrar la relación amorosa entre dos varones. Y si todavía hacía falta algo de publicidad no tradicional, la jueza Amelia Berraz de Vidal le dio lugar a la denuncia de un particular por apología del delito e incitación al consumo, porque el personaje de Romano era adicto a la cocaína.

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Si aún ahora, en pleno siglo XXI, suele haber manifestaciones de recalcitrante homofobia, en 1992 era un verdadero escándalo. No es que ficciones anteriores no hubieran abordado el tema pero ocurre que en “Zona de Riesgo” eran los protagonistas. A 30 años de ese papel y pese a que lleva medio siglo largo de trabajo, Ranni suele recordar de vez en cuando que solían pararlo en la calle para reprocharle, en broma o en serio, que hubiera aceptado representar a un homosexual.

El jefe penitenciario que encarna en “El Marginal” es oscuro como todos y cada uno de los personajes que la tira muestra a ambos lados de las rejas. Esta vez han aprovechado muy bien el tema de los contrastes. Galván es capaz de lagrimear cuando escucha a uno de los reclusos jóvenes cantar “Por una cabeza”, se vuelve repentinamente tierno cuando suena el teléfono y es uno de sus nietos y exhibe impúdicamente toda su crueldad cuando decide usar a uno de sus esbirros para repartir “lecciones” que pueden ir desde una violación a una golpiza o una combinación de ambas.

Romano y Ranni brillan en la pelea; cuando se estudian, intercambian amenazas o acuerdan sin palabras una tregua para tratar de descubrir las cartas del oponente. Hay varias perlas en el desempeño de ambos. Es estupendo que le hayan encontrado la vuelta a algunas escenas para obviar lo reiterativo. No es poca cosa que en una producción plagada de explícitos episodios de violación y tortura, el personaje del Tano genere tanta aprensión cuando descansa su mano en el hombro de su interlocutor e inicia ¿un inocente masaje?

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