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Cadena 3

"Cry Macho"

El eterno Clint Eastwood sigue regalando talento

"Esto de ser macho está sobrevalorado", afirma el protagonista de este moderno western que tiene la misión de llevar a un adolescente conflictivo de México a Texas, a pedido de su padre.

20/09/2021 | 10:36

Por María Rosa Beltramo

Clint Eastwood ha escrito algunas de las páginas más memorables de la cinematografía espoleando suavemente a su cabalgadura o al volante de una camioneta. Aunque han pasado 60 años es imposible olvidar su llegada al saloon de “El bueno, el malo y el feo” a las órdenes de Sergio Leone, o su mano insegura acomodando el espejo retrovisor cuando imploraba que la Francesca de “Los puentes de Madison” corriera a sus brazos o el octogenario de “La Mula” atravesando un temible control policial, con la caja rebosante de cocaína.

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En “Cry Macho”, la número 39 que dirige y además protagoniza, empieza guiando una Chevrolet Vintage de los 70, atraviesa después la mitad de la frontera entre México y Estados Unidos por polvorientos caminos secundarios, en un vetusto Ford y sobre el final se sube a un Mercedes Benz rumbo al epílogo de otra historia de las suyas.

Acá la narración es bien sencilla. Mike Milo (Eastwood) es un vaquero que fue hace tiempo una gloria del rodeo, está retirado tras un accidente laboral y cuyo ex patrón busca para encomendarle el rescate de su hijo adolescente, que vive en México junto a una madre entre abandónica y borracha.

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La misión no parece gran cosa, pero por algo Howard Polk (Dwight Yoakam) necesita del auxilio de un hombre tan especial para traer a su hijo, en lugar de enviarle el pasaje y esperarlo en el aeropuerto más cercano. El chico, Rafo, (Eduardo Minett) elige los peligros de la vida en la calle en lugar de la aparente comodidad de la residencia materna y se gana el sustento en peleas de gallos. El suyo, es justamente el Macho del título, un ejemplar del que está orgulloso y que le hace decir a Mike, la frase clave de la película : “esto de ser macho está sobrevalorado”.

La película se basa en una novela de Richard Nash a la que Clint le tenía ganas desde 1988 pero en su época dejó de lado no sólo porque era demasiado joven para interpretar a Milo sino también porque para esa fecha le ofrecieron el papel de Harry El Sucio, uno de los personajes más productivos de su riquísima carrera que le permitió edificar su fama de duro y apuntalar con dinero genuino a su productora, Malpaso.

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Detrás del guión de este film que se estrenó el pasado jueves en todo el continente americano y esta semana debutará en los cines europeos, está Nick Schenk, el mismo que escribió “Gran Torino”, aquella en la que florecía una amistad entrañable entre un veterano de guerra y un jovencito descendiente de una familia coreana.

Esa vez Walt Kowalski se relacionaba con Thao Vang Lor con la ironía como escudo principal; aquí en “Cry…” el duro vaquero opta con el consejo ocasional y elige la tolerancia ante Rafo, un chico obligado por las circunstancias a parecer más valiente de lo que es y que está lleno de carencias porque su madre ni siquiera pudo retenerlo a su lado y el padre nunca ha tenido contacto con él.

Lo mejor de la última de Eastwood está en el trayecto de México a Texas y en los lazos que surgen entre Mike y el adolescente mientras tratan de evitar a los agentes de Migraciones, a algún que otro policía desinformado y corrupto -un rol que invariablemente el cine norteamericano suele hacer recaer en uniformados latinos- y además en el refugio que encuentran en el camino.

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Porque no sólo las dificultades salpican la misión que el hacendado le encomendó al hombre que se encargaba de domar a sus potros; esta vez también hay algo de ternura que corre por cuenta de Marta (Natalia Traven), un breve oasis en un pueblito fronterizo para algunos días de vida hogareña de la que disfrutan el anciano vaquero y el solitario adolescente.

La banda de sonido del filme puede resultar una agradable sorpresa para cualquier espectador de esta parte del mundo. Arranca, premonitoriamente, con “Find a new home” de Will Banister y termina con Eydie Gorme y Los Panchos con “Sabor a mí” y una impensada escena romántica en una cantina con las cortinas bajas por las que se filtran los últimos rayos del sol.

“Cry Macho” no tiene moralejas tan claras como en “Gran Torino”, ni la potencia de “Million dolar baby” o la reflexiva conclusión de “El caso Richard Jewell”, pero es un auténtico producto de la factoría de Clint Eastwood, responsable de una forma de narrar que jamás deja indiferente al público.

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