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Cadena 3

Un tema muy doloroso

Mientras sueñan con la cura, el cine se ocupa del alzheimer

Hace 20 años Norma Aleandro mostró la enfermedad en "El hijo de la novia" y ahora Anthony Hopkins se llevó el Oscar por su interpretación de un octogenario que contrae el mal.

08/06/2021 | 11:15

Cuando se estrenó “The Father” y aunque pocos habían visto a sus eventuales competidoras, la mayoría de los críticos opinó que más allá de la suerte de la película, nadie podría arrebatarle el Oscar a su protagonista, Anthony Hopkins. Y por supuesto, le mandaron la estatuilla, porque la pandemia impidió la presencialidad, pero los miembros de la Academia cayeron rendidos ante el personaje.

En el guión que adaptó de su propia obra de teatro el director Florian Zeller, el galés interpreta a un homónimo, Anthony, un melómano que escucha a los clásicos, disfruta de la ópera, suele hacer acotaciones ácidas y brillantes pero a continuación duda sobre la ubicación de su propio dormitorio, discute con una hija ausente, confunde a la que lo asiste cotidianamente e interroga a su yerno sin tener la mínima idea acerca de su identidad.

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Es que el alzheimer está haciendo estragos en ese hombre que consume sus días entre el desconcierto de desconocer su casa, el terror de deslizarse por una pendiente sobre la que a veces tiene conciencia y el enojo permanente que obliga a su familia a reemplazar semanalmente a la persona contratada para asistirlo.

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Si el laboratorio que acaba de lanzar el Aduhelm llegara a tener éxito con la droga, el cine podría escribir una nueva página sobre una enfermedad que existe desde siempre, fue diagnosticada con su actual nombre en 1901 y hasta avanzada la década del 70 del siglo pasado era a menudo mostrada en la pantalla grande, pero sin darle denominación.

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Mark Rydell dirigió en 1981 a Henry y Jane Fonda. Padre e hija brillaron en ese melodrama familiar que fue “En la laguna dorada” que muestra a Norman (HF) sumido en un proceso de pérdida de memoria que nunca se nombra, pero es la fase inicial del alzheimer.

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Veinte años más tarde, en 2001, Juan José Campanella hizo en Argentina “El hijo de la novia” en base a un guión que compartió con Fernando Castets. Con un elenco soñado en el que figuran Ricardo Darín, Norma Aleandro y Héctor Alterio, aquí la enfermedad tiene nombre y apellido y se apodera de Norma Belvedere (Aleandro).

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Con la incertidumbre que genera una dolencia que elimina recuerdos, cambia el carácter y despersonaliza a la gente, el marido de Norma, Nino (Alterio) decide concretar una promesa pendiente y casarse ante el altar ya que la pareja lleva 40 años de unión pero no pasó por la iglesia, un detalle que siempre entristeció a la mujer.

La realización de Campanella es una comedia dramática que provoca más lágrimas que sonrisas, pero tiene el mérito de incluir retazos de humor, basados en la completa desinhibición de Norma que sin ninguna clase de filtros es capaz manifestarle al marido y al hijo cuestiones que jamás hubieran salido de su boca cuando era un ama de casa reservada, educada y preocupada por no herir la susceptibilidad de sus seres queridos.

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Temida como pocas, con aspectos todavía desconocidos, la enfermedad es, hasta ahora, incurable y a pesar de las investigaciones de los científicos, los avances son lentos, al punto tal que en 20 años han salido apenas dos medicamentos y sólo el anunciado esta semana por el laboratorio Biogen atacaría las causas del mal.

Si es difícil retratar el alzheimer en el cine, mucho más doloroso es saber que su existencia nos ha privado, históricamente, de la labor de muchos de los actores que han contribuido a hacer de la actividad una de las bellas artes. Hace casi cinco años que Jack Nicholson ha dejado de ser incluido en los proyectos de Hollywood. Nunca hubo una información formal pero se sabe que la enfermedad lo tiene cautivo y si alguien quiere celebrar su enorme talento tiene que buscar sus viejas películas. En ellas sigue espléndido, inteligente e histriónico, sin sombra de aquello que lo apagó.

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