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Cadena 3

Llegó la película del Oscar

"Otra Ronda" explora el intento de ser feliz con el alcohol

Con un planteo original, el danés Thomas Vinterberg ofrece una nueva mirada sobre  un antiguo problema. Se destaca la actuación excepcional de Mads Mikkelsen.

19/08/2021 | 11:50

Por María Rosa Beltramo.

El cine suele tener una mirada romántica sobre los efectos del alcohol en la gente; salvo media docena de títulos que han planteado la cuestión como un problema serio y de consecuencias insospechables, hay cientos de metros de celuloide en donde el whisky vuelve chispeante a las mujeres, extrovertidos a los hombres y donde una noche de ingesta excesiva se cura con un café y una ducha prolongada.

Ni el glamour de los bebedores sociales ni las penurias de los adictos y tampoco la motivación habitual que puede llevar a la gente a refugiarse en el alcohol, está presente en “Otra Ronda”, la película danesa que se alzó con el último Oscar a la mejor producción en lengua no inglesa y de la que muy pronto veremos otra versión porque a Leonardo DiCaprio le gustó tanto que adquirió los derechos para hacer la misma historia con otros actores.

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Los norteamericanos suelen sacrificar guiones maravillosos en el altar de la localía y de un elenco que hable el idioma nativo. Hollywood es una notable fábrica de actores, pero a Di Caprio le costará mucho encontrar a alguien capaz de hacerse cargo del protagónico con la solvencia de Mads Mikkelsen, un soberbio intérprete capaz de múltiples registros que le da lustre a la película y que tiene un segmento final para aplaudir de pie.

“Otra Ronda” se caracteriza por un trato originalísimo de la cuestión de la bebida, la tristeza, el hartazgo y las frustraciones, en este caso de la mediana edad. El director Thomas Vinterberg, con la ayuda de Tobías Lindholm, elaboró un guión basado en la premisa de un pensador noruego contemporáneo, que en el prólogo de un libro ajeno planteó, medio en broma y un poco en serio, que el cuerpo humano tiene un déficit de alcohol y si la persona lo compensa, funciona mejor.

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En el filme que estrenó recientemente Netflix, el que está desmotivado y sin objetivos interesantes es Martin (Mikkelsen) un profesor de historia. Una noche sale a cenar con otros tres docentes amigos que lo ven bajoneado y le comentan la singular teoría del psiquiatra y filósofo Finn Skarderud acerca del déficit de alcohol. Entre aburridos y curiosos los muchachos inician el experimento que incluye algunas reglas específicas, como regular la ingesta sometiéndose al control del alcoholímetro y nunca tomar más allá de las 8 de la noche.

Esa frontera horaria está tomada del premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, un bebedor consuetudinario que, al parecer, decía que a las 20 horas suspendía para estar en buenas condiciones a la mañana siguiente, cuando se disponía a escribir. En rigor, hay más de una prueba sobre la falta de frenos del escritor e infinidad de testigos que lo han visto borracho pasada la hora límite, pero en el filme se toma por cierto el supuesto control y se mencionan a otros bebedores célebres -Winston Churchill o Boris Yeltsin- además de mostrar filmaciones de cumbres internacionales, con mandatarios visiblemente entonados.

“Otra Ronda” avanza con el experimento de Nikolaj (Magnus Millang), Peter (Lars Ranthe) y Tommy (Thomas Bo Larsen) que prueban en su físico los efectos del alcohol y como la película no tiene, según sus responsables, intenciones moralizantes, los profes se muestran al comienzo más alegres, adaptados y hasta tienen algunos aciertos. No sólo Martin que se muestra brillante ante sus alumnos sino también el profe de Gimnasia que logra incluir en un partido a un chico víctima de bullying. En uno de los pocos momentos de humor que se permite Vinterberg, tiene que forcejear con un alumno para evitar que se hidrate en medio de la clase, tomando de una botella “cargada” de la que el docente no se despega.

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En la última entrega de los Oscars, cuando al director danés le tocó recibir su estatuilla y se la dedicó a su hija, nos enteramos que la joven había muerto en un accidente de tránsito a sólo 4 días de iniciado el rodaje.

Profundamente conmovido, feliz por el galardón, triste por la pérdida, Vinterberg señaló que había concebido a su película “como un tributo a la vida; como un reclamo de la sabiduría irracional que desecha todo sentido común ansioso y mira hacia el deleite mismo de la lujuria por la vida, aunque a menudo con consecuencias mortales”.

En cuanto al déficit de alcohol de Skarderud, más allá de que el filósofo terminó convirtiéndose en asesor del equipo de filmación, ya aclaró que su teoría no tiene carácter científico y que es apenas una derivación de la creencia popular según la cual un vasito de vino estimula y sienta bien, que fue, precisamente, lo que él escribió en el prólogo a un libro de Edmundo De Amicis.

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