Cadena 3

"Misa de Medianoche"

Una idea excelente maltratada por un ejército de vampiros

La serie es furor en Netflix y amaga con discusiones que nunca profundiza porque en mitad de su recorrido aparecen esos seres que sólo quieren sangre.

04/10/2021 | 10:16

Por María Rosa Beltramo.

“Misa de Medianoche” tiene uno de los comienzos más prometedores que un espectador puede esperar y un final que incluye un parlamento largo, oscuro y sentencioso que cualquiera podría creer fue sacado de otro programa. El problema es lo que está en el medio, entre el primer y el séptimo episodio.

Es bueno y necesario aclarar que ya son miles los que han visto la serie de Mike Flanagan y otros muchos se le sumarán en los próximos días y tal vez la mayoría quede satisfecha porque lo más probable es que sepan que con ese realizador tendrán un producto auténtico del género de terror, terrenal y sobrenatural.

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El problema reside en las expectativas que puede generar el principio. ”Misa…” arranca en un puente, escenario de un choque. Mientras dos paramédicos luchan por reanimar a una joven que agoniza, a un par de metros el conductor del auto, con apenas una herida cortante en la frente, recita mecánicamente el Padre Nuestro. El policía que lo vigila y que lo sabe responsable del accidente que está apagando una vida, lo atraviesa con la mirada y le dice “ y ya que hablás con El, pregúntale por qué siempre se lleva a los chicos y deja a los borrachos”.

Al minuto siguiente Riley Flynn (Zach Gilford) está declarándose culpable de conducción peligrosa, aceptando sin discutir una sentencia de 4 años de cárcel y, ya en prisión, cerrando dramáticamente la biblia que le envió su madre, como un modo de comunicar el abandono de sus creencias.

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Pero la nueva creación del autor de “La maldición de Hill House” y “La maldición de Bly Manor” no transcurre en la urbana geografía de un puente ni entre las rejas de una celda, sino en Crockett Island, una porción de tierra rodeada del mar ,en la que viven 127 personas cuyo universo gira en torno de la Iglesia de San Patricio.

Para hacerse cargo del templo y de las misas llegará, en reemplazo de un viejo obispo, el padre Paul (Hamish Linklater), alguien lleno de empuje y vitalidad que, de la noche a la mañana, conseguirá ocupar del primero al último banco de una capilla que estaba en decadencia y despoblada.

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En ese punto de la narración y cuando retorna a la casa paterna Riley, que ya pagó su deuda con la sociedad pero sigue devorado por la culpa, es cuando se plantea el reencuentro del joven con los suyos, con una vieja amiga y una discusión con el nuevo sacerdote que ilusiona sobre un probable rumbo de la historia que Flanagan insinúa pero no toma.

En el mismo segmento y en sintonía con la invitación a las discusiones que se planteaban al comienzo , “Misa..” ofrece un debate en el seno del único colegio y durante una reunión de padres en la que uno de los asistentes, que es musulmán, cuestiona que en un establecimiento público se exija exclusivamente la lectura de la biblia.

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Y mientras tanto y aunque las polémicas se expresan pero no se resuelven, se produce el primero de una lista de milagros que podrían aportar al debate religioso de no ser porque en lo mejor de la serie Flanagan y su gente arrojan esa parte del guión a la basura y la transforman en una de vampiros.

Sigue intentando gobernar la isla y a sus moradores Beverly Keani (Samantha Sloyan) una fanática religiosa sin una pizca de humanidad que siempre tiene un fragmento de los evangelios a mano para justificar toda clase de iniquidades, pero en realidad su conducta ya no ocupa el centro de la historia. De ahí en más el espectador tiene que tratar de contabilizar cuántos y por qué murieron y retornaron convertidos en esos seres sedientos de sangre.

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La producción de “Misa de Medianoche” no se anduvo con chiquitas. Hicieron una inversión millonaria para rodar cerca de Vancouver, donde armaron cada uno de los edificios de una isla que no existe en Estados Unidos- la Crockett Island que figura en los mapas es australiana-; el set se armó en Garry Point Park, en la Columbia Británica.

¿Era necesario que apareciera en escena un ángel alado y aterrador que actúa como el vampiro mayor? Acá había elementos a montones para dejar a los vampiros que descansen. Claro que tal vez, existe un público al que los conflictos religiosos, afectivos y familiares lo tienen sin cuidado y sólo espera el momento preciso en el que uno de los protagonistas empieza a actuar raro y la emprende a dentelladas contra la humanidad de cualquiera que se le acerque, sediento de sangre.

En el elenco están también Kate Siegel, la esposa de Flanagan, Henry Thomas que ya tiene 51 años pero siempre será el inolvidable Elliot de “E.T”, Rahul Kholi, Matt Biedel y Robert Longstreet, entre otros.

La promesa de diversión, antes de que apareciera el primer vampiro, era seguir la trayectoria del padre Paul en la isla, analizar los episodios milagrosos y comprobar cómo empieza a crecer el fervor religioso.

Capítulo aparte merece la música de la serie. La banda sonora original incluye los temas compuestos por The Newton Brothers, los mismos responsables de los leit motiv de la mitad de las películas de Mike Flanagan. Hay versiones preciosas de himnos religiosos y suena también la mítica Soolamon de Neil Diamond como auténticas perlas en medio de un festival de zombies fanatizados que lo único que quieren es su trago de sangre.

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